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Nº118 – La monarquía británica

boletín lingüístico

La monarquía británica: un linaje de excéntricos («oddballs»)

Todo el mundo conoce a la familia real británica. Este mes, «Mejoremos nuestro inglés» os presenta algunas anécdotas curiosas («titbits») sobre las excentricidades monárquicas.

El pasado 26 de marzo se dio por fin sepultura a Ricardo III de Inglaterra, con unas pompas fúnebres dignas de un rey («fit for a king»), 530 años después de su muerte en la Batalla de Bosworth en 1485. Su esqueleto fue descubierto en extrañas circunstancias: yacía en un parking, bajo una plaza reservada marcada con la letra «R». Al hilo de esta sorprendente revelación, recordamos algunos hechos poco conocidos sobre las extravagancias («quirks») de los monarcas británicos.

A todos nos encantan los animales domésticos, pero Enrique III llevó su pasión un poco más lejos («took it a step further») instalando un zoológico en la Torre de Londres. Su animal favorito era un oso polar que nadaba en el Támesis.

La obesidad de Enrique VIII era famosa, pero de joven estaba en buena forma física («in good shape») y se sentía muy orgulloso de sus bien contorneadas pantorrillas. Su hija Isabel I también era una mina de excentricidades («a minefield of eccentricity»). Solo se bañaba cuatro veces al año y aprobó un impuesto sobre la barba de sus cortesanos. Y lo que es más sorprendente, promulgó una ley que permitía a los teatros raptar a niños para que actuaran en sus obras.

Hoy en día, todos vivimos estresados, pero Carlos I ni siquiera pudo hacer un hueco en la agenda («clear his schedule») para celebrar su boda: envió a un amigo suyo para que se casase con su esposa en su lugar. Jorge IV, por su parte, disfrutaba de la vida al máximo («to live life to the fullest»): según los archivos, poseía al menos dos disfraces de monja.

La reina Victoria tenía fama de ser una matriarca severa. Pero, ¿sabíais que mascaba chicles de cocaína con Winston Churchill? Además, solo tomaba el té cortado con leche («a splash of milk»), como requiere la tradición británica, ¡pero también con opio!

No os dejéis engañar («don’t be fooled»):  todas estas rarezas no son solo cosa del pasado. Isabel II tiene a una persona empleada encargada de usar sus zapatos nuevos para domarlos antes de ponérselos ella misma…

Esperamos que esta lección alternativa sobre la monarquía británica os anime a verla desde una nueva perspectiva  («in a new light»).

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